"Se fue otro fin de semana", te decís. Así es. Todas las expectativas que pusiste en este fin de semana, mi amigo, se han ido como el Fernet que le invitaste a la flaca que te chamuyaste cuarto de hora, al pedo.
"No importa, mañana es domingo, y voy a tener todo el día para hacer un montón de cosas y aprovecharlo al máximo para sentirme un humano decente que no siente que la vida se le va entre los dedos" decís, pero al otro día dormiste hasta las 16, te levantaste a comer un cacho de asado frío y te volviste a dormir. A las 20 te levantaste otra vez, y para no sentirte mal, barriste un poco el piso y te leíste medio capítulo de un libro.
Además, claro, cada fin de semana vas a conocer a ese amor de tu vida que te está esperando en el boliche roñoso al que concurrís siempre, donde solo hay algún cocainómano denso y poca cosa más.
Lunes. Otra vez lo mismo. Estás deseando que llegue el fin de semana otra vez, porque ahora sí, ahora tenes pensado un montón de planes tan increíbles que ni los vas a poder hacer.
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