martes, 30 de septiembre de 2014

Televisión, contenido de calidad, ¿para qué?

La intensión no es exponer una clase barata sobre comunicación, pero pensemos en el esquema de la comunicación. ¿Qué hace rentable a un medio de comunicación? ¿Cuál es la garantía que obtiene el auspiciante a la hora de pautar por un espacio? ¿Cuál es la importancia del mensaje?

Hechas las preguntas, lo que interesa en cuestión, es analizar qué pasó con el contenido en los medios de comunicación, específicamente en la derrotada y devaluada televisión abierta.

El esquema por el cual un medio de comunicación es rentable, no es una novedad:

¿Qué necesita un medio para existir?: dinero. ¿Cómo lo consigue?: a través de las pautas publicitarias por parte de las marcas. ¿Cuál es el rédito de una marca a la hora de pautar publicidad?: que exista audiencia, o sea un público objetivo para su marca (entiéndase a éste como el público que consumirá sus productos). ¿Cuál es el objetivo principal del medio?: reunir la audiencia. ¿Cómo lo hace? -y es aquí donde hay que frenar-; contenido.

Algunos medios de comunicación, (como los diarios o emisoras radiales), en muchos casos, deben hacer un gran esfuerzo por pulir, producir y generar el contenido necesario para que sus oyentes/lectores lo consuman a diario y en ascenso. Pero este no es el caso de la TV. Ésta a través de los años ha ganado un lugar muy cómodo en la sociedad, nada entra tan fácil como por la imagen. Su audiencia siempre estará ahí. La TV es el opiáceo necesario para mantener a miles de personas dormidas.


Tanto es así, que el contenido en televisión ya no es un asunto de preocupación para los gerentes de programación. Básicamente, no interesa casi lo que se esté transmitiendo (o al menos así opino), la televisión se ha recostado sobre un colchón de ignorancia finamente elaborado a través de las generaciones. No importa si lo que está en la pantalla es un capítulo repetido de una serie de hace 20 años atrás -que tal vez ni siquiera tuvo tanto éxito-, o si es un programa de bajo presupuesto, los televidentes ahí estarán, y cada vez más subestimados.

Cuando la magia de la televisión nacía y se consolidaba, allá por los años 40', rodearse de aquel mueble enorme era todo un acontecimiento familiar para disfrutar de solo algunas horas de programación. ¿En qué se transformó la TV hoy?, un contenedor de desperdicio, es una opción. Pero siendo más técnicos, con el paso del tiempo, se transformó en la última opción "obligatoria" para consumir un medio que podría ser de mil maneras distintas y enriquecedor.


La televisión es el puerto de "distracción" de la clase baja trabajadora. Del que, lamentablemente, poco puede discernir; del que no cuenta casi con herramientas para entender que lo que está consumiendo, solo sirve para que cuando vaya a un supermercado elija -inconscientemente- el jabón en polvo "blanquito", o que cuando esté hasta el cuello de deudas -por comprar el televisor LED en solo 45 cuotas- elija el "crédito de color verde".

La  televisión -abierta-, se transformó en una especie de dictadura de los multimedios, que además, tienen albergan en su paraguas de empresas, emisoras de radio y señales de cable. Si usted tiene dinero, podrá pagar una mensualidad para tener cable y tener una mayor pluralidad de elección, de lo contrario no hay escapatoria. Con solo una antena y una TV, la condena es grande: 12 horas de programación vacía y de baja calidad; no es contenido, es solo un pretexto; un canal para que las marcas hagan lo suyo.

El Antipop

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