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Así como el título de esta nota, los uruguayos vivimos la jornada futbolera mundial. Con un equipo de gloria, caprichosos por quedarse en el continente madre y demostrar que ellos también pueden ser los mejores del mundo, otra vez.
Ese no fue un martes cualquiera, o por lo menos no para uno de los tres -y casi medio- millones de uruguayos, ese país minúsculo entre Brasil y Argentina. La fabriquita de milagros, el del raro fenómeno estadístico, el único que con tan poca población crió ganadores del Oscar, escritores fundamentales, y campeones del mundo.
La historia empezó a rescribirse, otra vez. El trabajo de un docente de fútbol y valores, hizo amar a la camiseta, encendió una vez más la fabriquita oxidada de los milagros... aunque poco tiene de azar.
Esta vez no, los chiquilines no pudieron. "no vamos a llorar" decía el maestro en conferencia de prensa post partido. Con mil obstáculos, con casi un mundo entero en contra -con árbitros y todo-.
Uruguay no es rentable, aunque que sí sirve para producir celulosa, o ganado, o incluso software y audiovisual... pero no para la multinacional apoderada del fútbol.
Por llevar adelante un repertorio de giros en la historia, haciéndole moñas a los intereses de los grandes, ellos sudaron tres millones para ranquearnos entre los cuatro mejores, la alegría ganó por goleada.
El Antipop
Ese no fue un martes cualquiera, o por lo menos no para uno de los tres -y casi medio- millones de uruguayos, ese país minúsculo entre Brasil y Argentina. La fabriquita de milagros, el del raro fenómeno estadístico, el único que con tan poca población crió ganadores del Oscar, escritores fundamentales, y campeones del mundo.
La historia empezó a rescribirse, otra vez. El trabajo de un docente de fútbol y valores, hizo amar a la camiseta, encendió una vez más la fabriquita oxidada de los milagros... aunque poco tiene de azar.
Esta vez no, los chiquilines no pudieron. "no vamos a llorar" decía el maestro en conferencia de prensa post partido. Con mil obstáculos, con casi un mundo entero en contra -con árbitros y todo-.
Uruguay no es rentable, aunque que sí sirve para producir celulosa, o ganado, o incluso software y audiovisual... pero no para la multinacional apoderada del fútbol.
Por llevar adelante un repertorio de giros en la historia, haciéndole moñas a los intereses de los grandes, ellos sudaron tres millones para ranquearnos entre los cuatro mejores, la alegría ganó por goleada.
El Antipop
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