martes, 27 de octubre de 2009

El enemigo interdepartamental


-->
El enemigo interdepartamental
T
engo un nuevo enemigo. Es asiático y pequeño pero puede ser macabro. Con solo estar en la parada y verlo aproximarse, mis piernas empiezan a temblar. Si será temido, que otros viajeros como yo también le esquivamos la mirada para no tener que abordarlo, a menos que no haya otra opción, claro.
Pero no es su culpa, la culpa es de quienes lo arrancaron de su hábitat natural para que nos haga sufrir día a día en dosis de 40 a 45 minutos. Tampoco es su culpa tener capacidades limitadas, pero vaya que lo son. Es la pesadilla de todo aquel que cotidianamente visita la capital montevideana, para después volver a la olvidada ciudad dormitorio. Aun así lo único que recibe de los demás es odio y exclusión. Su condición lo convierte en el “jorobado” de los ómnibus.
Carlos, 43 años, de profesión mecánico tornero, usuario frecuente del transporte interdepartamental: “¡Ah!, los odio. Es una tortura verlo venir cuando pega la vuelta por Daniel Muñoz. Además uno pasa mal ¿viste?, porque a mi no me gusta tener que venir todo el viaje apoyándole la bragueta a un flaco… y a él creo que tampoco le gustó.”
Julia, 29 años, estudia y trabaja: “Si, yo por ese bondi corté con mi novio, aunque ahora me arrepiento. Un día que volvíamos amontonadísimos en el Yutong sentí que alguien me rozó sus partes, entonces me indigne, ¿me entendés?. Le digo a mi novio: ¡¡gordo me tocaron!!, ¡!gordo hace algo gordo¡¡. En eso agarró a uno de donde pudo, y éste le decía que estaba loco, que él solo quería bajarse. Pero yo estoy segura de que era un degeneradito, y como según mi novio no había ni espacio para pelearse, lo abandoné."
En cierta medida es responsable de que cientos y cientos de pasajeros se froten entre si, talvez no como una forma afectiva, más bien como una molestia, porque excepto a algún degenerado, dudo que alguien disfrute de “puntear” a treinta pasajeros, entre ellos; algún albañil, uno que otro niño, nunca falta la administrativa de cuarenta, y porque no algún adolescente que todavía no conoce el concepto: “mochila en maletero” y no puesta en la espalda. Porque recuerde que sus capacidades son diferentes, y su cuerpecito no resiste a tantos parados, por eso tuvo que romper el reglamento del Ministerio de Transporte y Obras Publicas (MTOP), ése que establece una medida determinada en sus pasillos y no la que sus padres chinos le dieron. Porque bien sabemos que el famoso cartelito “pasajeros sentados: 39, pasajeros de pié: 19”, en él solo es un adorno.
Su nombre de pila es Yutong, pero prefiero llamarle: “La pequeña bañadera asiática”.
Algunas recomendaciones para el lector frente a este pequeño “godzilla negro y naranja”: mantenga la calma, aunque fuese hora pico y el destino sea el que más le convenga, aunque vea que le quedan dos o tres lugares libres nada más y delante suyo en la fila para subir, se le adelantan tres tipos –y una mujer que se aprovecha de ese viejo concepto de la “caballerosidad”-.
Camilo A.F.


Compartir

El Antipop

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sobre mi